lunes, 16 de septiembre de 2013

El juramento


Ilustración acerca Emoticon que toma juramento o jurar Aumentando ...
EL JURAMENTO 

Nadie puede jurar en contra de su naturaleza.
El hombre a medio vestir, a medio calzar, que jura completar su evolución, se encuentra en una posición incómoda, pero jura guardar los secretos que le han sido confiados.

Un juramento es tanto una promesa como una declaración de hechos invocando a algo o a alguien. Desde un punto de vista religioso, es un acto que pone a Dios por testigo de la verdad de un hecho o de la sinceridad de una promesa.
En los tiempos primitivos era desconocido el juramento por la sencillez y cordialidad entre los hombres. Los juramentos nacieron al mismo tiempo que los hombres se engañaron. Hesíodo dijo: “La discordia, hija de la noche, lleva consigo las querellas, las mentiras, los embrollos, las palabras capciosas y por fin el juramento”.
En Egipto, el hombre diviniza sus pasiones y sus vicios, el juramento siguió la suerte de la religión y los egipcios no sólo juraban por sus dioses Isis y Osiris con forma humana, por el buey Apis y el cocodrilo, sino también por el ajo y otras legumbres, fáciles deidades , que sembraban y cogían en sus jardines.
Los persas en sus juramentos ponían de testigo al sol como astro vivificador. Los escitas juraban por el aire como principio de la vida e imagen de la libertad y por el hierro de sus armas.
Los griegos y los romanos juraban por todos sus dioses tanto los suyos como los importados de sus conquistas y recurrían a los semidioses y juraban por Castor y Pólux, Hércules, etc.
Pero los que presidian más sus juramentos eran la diosa Fidelidad y el dios Fidius. También se juraba en estos pueblos por la cabeza como parte principal del cuerpo y asiento de la inteligencia y por la mano derecha como símbolo de la fidelidad.
 Existía la piadosa tradición de que al perjuro se le secaba la mano derecha.
El juramento dentro de la iniciación lo podemos rastrear en el seno de la masonería operativa de ascendencia escocesa, a través de varios textos, tal y como se refleja en el manuscrito de los archivos de Edimburgo (1696), en el manuscrito Chetwode Crawley (1700) o en el manuscrito Kewan (1714-1720).
Dicho juramento se hacía sobre la Biblia en nombre de Dios y de San Juan, y por tanto esta juramentada promesa era la pieza esencial e indispensable para la comunicación de los “secretos” los cuales no podían darse de cualquier forma, ni compartidos con aquellos que no estuvieran dentro de la cofradía masónica.
Está claro que lo fundamental siempre fue la oralidad, la palabra; de ahí que el castigo siempre fuera de acorde al medio, o sea “arrancar la lengua de raíz o cortar la lengua al traidor”, tal como se encuentra en alguna otra divulgación, aunque llama la atención que haya una evolución paralela en cuanto a la promesa, de “ no escribir o burilar esos trabajos” y que la pena no vaya pareja al tipo de traición, por ejemplo con el corte de manos, o dedos en caso de escribirla o burilarla, lo que nos devuelve al apego y trasfondo de la tradición operativa y su evolución en la masonería especulativa con el no “hablar ni escribir”.
Abraham ante el Rey de Salem: “Levanto mi mano derecha delante de vos, Señor Supremo, y ante Dios, que es el dueño de los Cielos y de la Tierra, juro que no tomaré nada de lo que es tuyo”.
Hay todo tipo de juramentos, buenos y mal intencionados, algunos mencionan que en el juramento que hace alguna institución religiosa, juran lo siguiente: “Yo además declaro que la doctrina de las Iglesias de Inglaterra y Escocia, de los Calvinistas, Hugonotes, y otros del nombre de Protestantes o Masones a ser malditos  ellos mismos y a ser malditos quienes no renuncien a las mismas. Yo además prometo y declaro que cuando la oportunidad se presente, preparar y hacer la guerra, secreta y abierta contra todos los herejes, Protestantes y Masones”. Dogmatismo recalcitrante en contra de los hombres libres y de buenas costumbres.
El hombre se arrodilla para jurar. “El hombre crece cuando se arrodilla” Es costumbre entre los cristianos hacer una genuflexión ante el Papa, pero utilizando la rodilla izquierda, para diferenciar el tributo de honor que se le rinde al Pontífice con el culto de adoración que se le rinde a Dios. 
Se supone que la rodilla izquierda la doblamos ante los hombres y la derecha solo ante Dios. 
 Una persona que no dispone de testigo a favor de su petición jura por Dios, porque El lo sabe todo, y El es el primer testigo en todos los casos.
Para el hombre de honor, su palabra empeñada, su palabra de honor, debe ser sagrada, el cumplimiento de su compromiso adquirido y su palabra, es un aspecto que marca y caracteriza su comportamiento y forma de vida. Pocas cosas serán más dolorosas e imperdonables que faltar a sus principios y a su palabra.
Hebreos Cap. 6 versículo 13-14 “Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: de cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente”.
 Entonces una noche habló Dios con Abraham y le dijo que sacrificara a su único hijo.  Abraham le obedeció. Subió al Monte Moriah, levantó el altar, puso encima la leña, amarró a su hijo, y lo acostó sobre el altar. Alzó el cuchillo para matar a su hijo Isaac y en ese momento Dios lo llamó. Le mostró un animal que podía ser sacrificado en lugar de su hijo y le dio la promesa que cita el autor en Génesis 22:16-17 y le dijo: “ POR MI MISMO HE JURADO", declara el Señor, “que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado[a] tu hijo, tu único, 17 de cierto te bendeciré grandemente, y multiplicaré en gran manera tu descendencia[b] como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar, y tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos". 
La palabra juramento, deriva de las voces latinas Jurf o juramentum, las que significan una afirmación o una negación, de lo que es cualquier cosa, poniendo como testigo a Dios. Entonces en mí iniciación juro no grabar, escribir, burilar, trazar, imprimir ni formar ni un carácter ni signo, por donde pueda conocerse la palabra sagrada o los medios de comunicación entre masones. 
En cuanto a la posición de rodillas, la genuflexión y por tanto la capacidad de arrodillarse es propia del ser humano. La ausencia de rodillas y por lo tanto la genuflexión, rezar y mostrarse humano es propia de caracteres demoniacos. Una leyenda Medioeval sobre el santo y bardo irlandés Morling asegura que este santo fue visitado por el mismo demonio, al que convidó a rezar, pero que el demonio le dijo que no podía rezar, porque no tenía rodillas.

Sobre arrodillarse y rodillas, debo invocar dos fragmentos de las Etimologías de San Isidro de Sevilla: Las rodillas son las uniones de los muslos y las piernas, se denominan genua porque, cuando el feto se encuentra en el útero, están opuestas a las mejillas (genis opposita) En efecto, se encuentran replegadas sobre si mismas y cercanas a los ojos, como indicadores de las lágrimas y la misericordia. Así, pues, las rodillas derivan su nombre de genua y de genae las mejillas. Y es que el hombre, mientras está siendo engendrado y se forma, está doblado de tal manera que sus rodillas están plegadas hacia arriba, hacia donde se están formando los ojos, para que estos tengan una estructura cóncava y hueca. La mejilla comprime la doblada rodilla. De ahí que cuando los hombres se arrodillan, mueven al punto al llanto. Quiso con ello la naturaleza recordarles el seno materno en donde yacían como en tinieblas antes de nacer a la luz.

El arrodillarse tal como se practica en el cristianismo, permite aliviar la tensión. Permite hacernos pequeños y despertar misericordia (sea a Dios o a un superior) porque perdemos altura y aproximamos como dice Isidoro, la mejilla a la rodilla, pero no perdemos, a pesar de ello, nuestro atributo humano por excelencia: la verticalidad que nos da vida y nos espiritualiza. Conseguimos mantener la verticalidad y la circularidad fetal, la armonía entre la parte inferior y la parte superior del cuerpo humano, en una sola figura. Creo que este elemento simbólico es el que explica que aparezca la genuflexión tan a menudo ligada a lo espiritual y tan pocas veces ligada a una simple sumisión.

Es la posición de rodillas en el cristianismo la que mantiene el cuerpo en vertical y las piernas en ángulo recto; lo cual es diferente en la genuflexión islámica, aunque interesante ya que a la luz del texto de San Isidoro, también tiene momentos de verticalidad, sobre todo en la parte inicial de la oración, pero la postración hacia delante de sus partes centrales, inclinando la cabeza hasta hacerla tocar el suelo, hace pensar que es un esfuerzo mucho más explicito que el de la genuflexión cristiana. Lo más alto y lo más bajo, para que el cielo descienda hacia la tierra utilizando el cuerpo creyente como medio. Los cristianos, si bien aproximan la cabeza a las extremidades inferiores de su cuerpo en su genuflexión, parecen que se resisten a realizar el acto final y que les da miedo abandonar la verticalidad conquistada tras tantos millones de años de lenta evolución biológica; el musulmán, en cambio, se entrega, se arroja al abandono de la verticalidad; hay en su oración una unión mística entre la altura de la cabeza y la profundidad del suelo y entre las rodillas y las mejillas, para hacerlo todo más fetal y circular, que lejos de ser una sumisión, es de una fuerza simbólica extrema.

Solo una vez se inicia un Masón, pero estoy seguro de cumplir con el juramento que hice en mi iniciación, el resto de años que me faltan por vivir.

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